La evolución de la medicina y con ella el aumento de la esperanza de vida, ha dejado obsoleta la idea de excelencia que creó Michelangelo Buonarotti y continuó Auguste Rodin.

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   Uno de los genios indiscutidos de la historia es Michelangelo Buonarotti (1475-1564); la perfección técnica y el gigantismo de su obra abruma desde hace quinientos años, como abruma la manera que tenía de manifestar la tensión interior de los hombres que conforman su obra escultórica. Se dió en llamar terribilitá, y consiste en una mirada de mal carácter, intimidatoria, ya sea porque el representado lleva cuarenta años atravesando el desierto con gente que le cae fatal, ya sea porque está concentrado en matar de una pedrada a un gigante, ya sea porque debes poner cara de cabreado para entrar en la historia del arte. 

   La manifestación de la terribilitá la intensificaba multiplicando el volumen de la musculatura.  

   Michelangelo (o Miguel Angel, como es más conocido en España) ha influido en numerosos artistas, entre los que destaca el escultor francés Auguste Rodin (1840-1917). Lo demuestra su escultura más conocida, “El pensador”. La primera versión de esta obra forma parte de “Las puertas del infierno” y representa al escritor Dante Alighieri rodeado de escenas extraídas de su novela “La divina comedia”. Posteriormente repitió la escultura a tamaño natural, exenta, y realizó muchas copias de ella con la técnica del vaciado. Pretendía homenajear el esfuerzo de la creación artística en general. Según su autor:

“Lo que hace que mi pensador piense es que él piensa no solo con su cerebro, sino con su ceño fruncido, sus fosas nasales distendidas y sus labios apretados, con cada músculo de sus brazos, espalda y piernas, con los puños apretados y sus dedos de los pies encogidos”.

Las obras de Miguel Angel y Rodin se realizaron en épocas con una esperanza de vida mucho menor que la nuestra. “Moisés” manifiesta la excelencia enojada de un anciano con una musculatura imposible de lograr en el 1515, año de su finalización. “El pensador” de Rodin usa este recurso trescientos sesenta y siete años después. Obviamente nos separan de ellos el desarrollo de la medicina, la alimentación, la gimnasia, los anabolizantes, la invención de photoshop y muchos prodigios más. 

   Hoy el prodigio es posible. Lo demuestra la portada de la revista Hola! (número 4088), que exhibe la reinvención de Bertín Osborne a sus sesenta y ocho años. Si bien es conocido como cantante de éxito, no existe ningún libro respetado que alabe su labor musical. La excelencia física sobrenatural que reflejaban los genios del arte ha dejado de causar respeto porque está al alcance de cualquiera. 

Pinturas, novelas e ilustraciones intrépidas.

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